El derecho a la verdad II

24.03.2025

Monseñor Juan Gerardi, mártir de la Verdad y de la Paz.
La verdad exige conocer los aciertos y errores del pasado, para avanzar hacia una sociedad de justicia y fraternidad frente a la ideología del sistema dominante que trata de borrar la memoria del pueblo. El obispo Juan Gerardi posibilitó que en su país, Guatemala, se conozca la verdad de lo que aconteció durante la guerra. Decía: 

No podemos ocultar o encubrir la realidad, no podemos tergiversar la historia ni silenciar la verdad. Conocer la verdad es una acción altamente liberadora. Nos ayuda para que "nunca más" se repita aquella historia de dolor y de muerte".

Gerardi, con el apoyo de la Conferencia Episcopal, impulsó el proyecto de la Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI). Los familiares de las víctimas tienen derecho al esclarecimiento de la verdad, la justicia y la reparación. La justicia no está reñida con el perdón. No es abrir heridas, como algunos piensan, sino favorecer su cicatrización en aras a la construcción de una sociedad donde no se repitan jamás aquellas páginas oscuras de la historia.

El papa Francisco, a este respecto, señala que "La verdad no debe conducir a la venganza, sino a la reconciliación y al perdón. Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido a sus parientes desaparecidos" (Fratelli tutti, 227).

El 24 de abril de 1998 el obispo Gerardi realizó la presentación oficial del proyecto de la Recuperación de la Memoria Histórica en la Catedral de Guatemala en presencia de la Conferencia Episcopal, del cuerpo diplomático, de los familiares de las víctimas de la guerra y de miles de ciudadanos y ciudadanas. Dos días después lo mataron. Fue la noche del 26 de abril, cuando entraba a su casa. Varios hombres del servicio de inteligencia del ejército le rompieron la cabeza con una pesada piedra para simbolizar la destrucción de sus ideas y su proyecto de la Recuperación de la Memoria Histórica. Murió por colocarse, al igual que Jesús, junto a los pobres y las víctimas del conflicto armado. Defender los derechos de las víctimas fue su delito. Había sido amenazado de muerte por denunciar la represión militar ejercida sobre las comunidades indígenas.

Gerardi defendió la dignidad de toda persona y los derechos humanos, particularmente de las personas excluidas, pobres, indígenas y víctimas de la guerra. Fue un pastor que amaba a su pueblo. Dos días antes de morir dijo en la Catedral de Guatemala: 

Cuando emprendimos el proyecto de la recuperación de la memoria histórica nos interesaba conocer la verdad, reconstruir la historia de dolor y muerte, ver los móviles, entender el por qué y el cómo. Mostrar el drama humano, compartir la pena, la angustia de los miles de muertos, desaparecidos y torturado… Queremos contribuir a la construcción de un país distinto. Por eso recuperamos la memoria del pueblo. Este camino estuvo y sigue estando lleno de riesgos, pero la construcción del Reino de Dios tiene riesgos, y sólo son sus constructores aquellos que tienen fuerza para afrentarlos".

Con este proyecto, que incluía exhumaciones de los cementerios clandestinos, Gerardi asumió el riego de ser calumniado, perseguido y asesinado por la oligarquía derechista y los militares. Fiel a la recomendación del papa Juan Pablo II cuando hacía referencia a los crímenes del nazismo, Gerardi impulsó el proyecto de investigación y conocimiento de la verdad, para dignificar a las víctimas y para que nunca más se repitiera esa historia de dolor y de muerte.

Le dolía que la memoria de las 200.000 personas asesinadas durante la guerra fuese olvidada, y que la herida provocada persistiera en la sociedad. Buscaba la reconciliación que exige justicia y perdón, porque no están reñidos con el conocimiento de la verdad. Por eso, monseñor Gerardi insistía en que "el conocimiento de la verdad es una acción altamente saludable y liberadora". En palabras de Juan Pablo II: "Sólo la impunidad de los crímenes de lesa humanidad deja heridas sin cerrar. Sólo por la verdad, la justicia y la reparación se puede alcanzar la reconciliación". Éste fue el propósito de la Iglesia de Guatemala frente a quienes querían ocultar la verdad y pretendían que las víctimas del genocidio permanecieran olvidadas en multitud de cementerios clandestinos. El obispo Gerardi sufrió su misma suerte. Fue víctima entre las víctimas.

Veintisiete años después, el testimonio profético de monseñor Gerardi, junto a los millares de mártires latinoamericano, es una fuerza liberadora para los pueblos reprimidos y un camino abierto no solo en Latinoamérica sino en todos los continentes, de búsqueda de justicia, paz y reconciliación, para "contribuir a la construcción de un mundo distinto". 

Las palabras y testimonio de los obispos Romero y Gerardi siguen vivos no solo en El Salvador y Guatemala sino en toda América Latina y en el mundo, y particularmente hoy en el pueblo palestino de Gaza y Cisjordania que sufre un genocidio. 

Romero y Gerardi nos retan también a la comunidad cristiana de España a comprometernos en la búsqueda de la verdad sobre lo que sucedió durante la guerra civil y durante la dictadura franquista. "No se puede ocultar la verdad", decía. Gerardi ¿Qué intereses hay en España para ocultar la verdad de lo que sucedió durante la dictadura? Las víctimas claman desde la tierra exigiendo justicia, para que de esta manera nunca más se repitan aquellos atropellos a la vida y a la democracia y para que su sangre sea fuente de reconciliación. Hoy todavía quedan en España multitud de fosas comunes sin exhumar. Por respeto a las víctimas es justo y necesario apoyar las exhumaciones para darles una digna sepultura. Las figuras proféticas de San Óscar Romero y del obispo Juan Gerardi deben ser una luz para nuestra sociedad y nuestra Iglesia."Conocer la verdad duele, pero es sin duda una acción altamente saludable y liberadora" (Monseñor Gerardi).

Fernando Bermúdez López. Comisión de Justicia y Paz de Murcia

Con motivo del Día Internacional del Derecho a la Verdad sobre las Violaciones de los Derechos Humanos y la Dignidad de las Víctimas.